26 de octubre de 2004

Las desventuras de Juancho Talarga

Así es, finalmente logré hacer andar el Sims 2. Si el primero era bueno, esta secuela es simplemente extraordinaria. Es como si todas las expansiones del Sims 1 se hubieran fusionado y a la vez mezclado con un juego de rol masivo. Las posibilidades que el Sims 2 ofrece son demasiadas para probarlas todas en la vida de un personaje (la etapa “adulto” que es la principal tan solo dura treinta días de juego, no reales).
Anyway, ni lento ni perezoso fui directo a la herramienta de creación de personajes. Ahí me di el lujo de darle forma a cada minúsculo y abrumador detalle de la vida de cada miembro de la familia. Como aún soy newbie con esta versión, tan solo armé una familia de un integrante adulto varón. Fue así como nació Juancho Talarga.



Nuestro héroe


Juancho se mudó al barrio de Villa Tranquila tratando de escapar de sus fantasmas internos. Hace un año sufrió un horrible accidente en la fábrica de perfumes donde trabajaba. Un frasco de “Paco” quedó atascado en la maquina embotelladora, y el pelotudo de Juancho no tuvo mejor idea que ver que pasaba y metió la cabeza adentro de la máquina. El resultado de su ingenuidad fueron ocho cirugías reconstructivas seguidas de seis meses de rehabilitación. Aún así, quedó reducido a menos que un monstruo, una caca humana, en palabras de su madre.
Sin embargo, no todo estaba perdido. Juancho realizó unas sesiones de fotos para páginas web “exóticas” con cuya gratificación —sumada al dinero de las propinas para los mozos que había hurtado día tras día durante los últimos diez años— pudo comprarse un humilde tres ambientes en Villa Tranquila, y así comenzar su vida de nuevo.
Y desde el primer día las cosas parecieron marchar mejor. No solo consiguió trabajo en un restaurante en un abrir y cerrar de ojos; también conoció a su vecino, Benjamín, quien fue junto con su amiga Begoña a darle la bienvenida al recién llegado.



La yegua sabía como herir.


Begoña no supo ver más allá de las horribles deformaciones de Juancho y simplemente prefirió despreciarlo en su cara, para luego meterse en su casa, comer su alimento y usar su baño. Benjamín, por otro lado, llegó a comprender la pena de nuestro amigo, y la química entre ellos no tardó en hacerse evidente.
A ese primer día le siguieron varias arduas jornadas laborales, en las cuales Juancho desempeñó su tarea con dedicación cuasi-clerical. Su talento para destapar los inodoros del restaurante de comida mexicana rápidamente lo hizo acreedor del sobrenombre “aberración de la naturaleza insulto a la moral”. Perseveró y finalmente logró ese jugoso ascenso a lavaplatos.



Un quickie antes de salir pal laburo.


Las cosas marchaban bien en la vida de Juancho. Benjamín se había convertido en su mejor amigo e iba seguido a comer a su casa, el periódico local después de dos semanas finalmente había removido su foto de la sección “nos reímos de él, no con él”, y hasta pudo darse el lujo de comprarse cosas lindas, como una cafetera, un minicomponente y hasta aquella gloriosa edición ’97 de la revista “Homo Fever”.
Fue entonces cuando Juancho comenzó a tener sueños reveladores.



A la mañana siguiente tuvo que cambiar las sábanas.


Pensaba en él todo el día... Con toda esa distracción perdía eficiencia en el trabajo. Un Martes se trabó la máquina de hacer burritos y Juancho, quizás victima de un terrible deja vu, o quizás por pelotudo, volvió a introducir la cabeza a ver que pasaba. Coma 3 por dos días, perdida parcial de masa encefálica y remplazo de globos oculares. Esa noche los burritos tuvieron un sabor extraño. Algunos clientes incluso pidieron la receta.



No es amor… eso que sientes… se llama obsesión… lalala


Crueles telarañas teje el amor cuando no es correspondido. ¿Qué hacer para que aquella persona para la cual somos el amigo pueda vernos con otros ojos? Pues no se, pero sí se lo que NO hay que hacer: nuestro héroe, influenciado por sus demonios internos, no toleró más el deseo y cayó victima de la tentación. Se despertó a las 4 AM, encaró derecho pal ñoba y se clavó ocho al hilo. Lamentablemente para él, Juancho ya no era un pendejo, y sus acciones extremas tuvieron resultados… horrorosos.



¡Justito ahí! La parte del desgarro


Tuvo que llamar al SAME de raje. La ambulancia llegó cinco horas más tarde y de puta casualidad, porque estaban vendiendo rifas. Tras comprarle el 11, el 28 y el 72, Juancho, aún con las manos ensangrentadas, sacó su cercenado miembro del congelador y se metió en la ambulancia.

¿Qué pasará ahora? ¿Podrá Juancho reimplantar su masculinidad? ¿Comprenderá Benjamín los sentimientos de su amigo? ¿Seguirá G escribiendo updates largos y graciosos? ¿Aprobará Rodrigo alguna puta materia de la facultad? No se pierdan el próximo episodio de… Las desventuras de Juancho Talarga.

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