13 de febrero de 2013

Hibari no Shitashi - Capítulo 2


El día está lindo. Hay sol. Los pájaros cantan. Quisiera tirarme por la ventana y terminar con todo de una vez. Aunque andá a saber después dónde aparezco…
Pero que no decaiga, che. Pensá en positivo. Si estás donde creés estar, inevitablemente vas a terminar enganchado con alguna supermodelo. ¿No es lo que siempre quisiste? No importa lo que hagas o lo que digas, de una forma u otra vas a salir ganando.
Seh… Habría que ver qué entendemos por “salir ganando”. Decantar ante una supermodelo al azar, mantener todo tipo de relaciones sexuales promiscuas con ella y terminar reconociéndola como la mujer de mi vida al final del año escolar. Se casaron, tuvieron hijos, vivieron felices para siempre. The end.
Si está predestinado, ¿dónde queda la posibilidad de elegir? Mas aun: ¿dónde queda la libertad de experimentar, de equivocarse, de aprender? Todo desaparece ante la certeza de un orden preestablecido. Y uno se ve a sí mismo recompensado por el destino sin haber hecho ningún mérito para demandar premio alguno. Ah, ¿sos un adolescente recluido de sexualidad aberrante y sin metas en la vida? ¡Tomá una supermodelo!
Es un poco deprimente si lo pensás…


Setsuma:
“¡Kadogawa! ¿Otra vez está distraído en clase?”

No pienses, entonces. Nadie te pide que pienses

Setsuma:
“¡Kadogawa!”

¿Por qué grita tanto esta mina? ¿Y quién carajo es Kadogawa?
Levanto la mirada del pupitre. Veo a la profesora Setsuma Miyazaki de pie frente a mi banco, sus ojos furiosos clavados en mí. Una furia aguamarina, una furia recta, justa, prismática. Una furia contenida y reprimida bajo la base de su maquillaje, bajo generaciones de emociones reprimidas a lo largo de una vida corta. Y qué tetas que tiene.

Shitaro:
“¿Me habla a mí?”
Setsuma:
“¿Hay algún otro Shitaro Kadogawa?”
Shitaro:
“En lo que a mí respecta, podría haber cincuenta solo en este salón.”

Mis compañeros de curso (todos varones) comienzan a vociferar en mi contra. Sincronizados por una especie de mente-colmena, me manifiestan su odio de la forma más certera posible

Shitaro:
“¡Pero si es verdad! ¡Son todos personajes de relleno! Todos el mismo corte de pelo, todos la misma paleta de colores. Siempre mirando al suelo, con esos ojos muertos y esas caras de nada. Y solamente hablan para conspirar en mi contra. ¡No crean que no los escucho!”
Setsuma:
“¡Kadogawa! ¡Suficiente! Esperarás fuera del salón hasta que termine la clase. Y cuando todos se vayan, quiero tener una charla contigo.”

En silencio levanto mis cosas y emprendo la retirada. Me detengo en el umbral de la puerta, doy media vuelta y haciendo un paneo general de la concurrencia me quedo con la última palabra.

Shitaro:
“Encima todos de marinerito… Degenerados de mierda.”

Por ahí no fue la elección más inteligente. Mis compañeros clonados se levantan al unísono y me persiguen por toda la escuela hasta acorralarme en el baño de caballeros, donde proceden a darme una paliza perfectamente ordenada por tratarse de cuarenta y nueve personas. Ni uno solo se queda sin hacer su aporte. Se ve que venían organizándola hacía mucho.
Recupero la conciencia. Ya es la hora. Me acicalo un poco y vuelvo al salón de clase. La profesora Setsuma me está esperando.

Setsuma:
“Kadogawa-kun… ¿Puedo llamarte Shitaro?”
Shitaro:
“Puede llamarme Shit.”
Setsuma:
“¿Estás bien? ¿Te han lastimado?”
Shitaro:
“No. Apenas estoy dolorido. Tengo que reconocer que en este lugar son muy eficientes a la hora de administrar violencia.”
Setsuma:
“Por algo somos la mejor escuela de todo Shibuya.”
Shitaro:
“Ya lo veo. Cuando me azotaron las plantas de los pies con periódicos enrollados; esos detalles hacen la diferencia.”

El rostro de la profesora Setsuma refleja preocupación y tristeza.

Setsuma:
“¿Qué te está pasando, Shitaro? ¿Quieres contarme?”
Shitaro:
“Así, a grosso modo: me siento como dos personas viviendo una misma única vida. Una parte de mi interpreta esa vida como natural y consecuente y por lo tanto la acepta. La otra parte la rechaza, considerándola ridícula, perversa e indulgente. Y en el medio de esa disonancia cognitiva de la hostia, padezco una ansiedad constante debida a la insatisfacción crónica de mis apetitos esenciales y mi inhabilidad para conectarme con mi entorno.”
Setsuma:
“. . .”
Shitaro:
“Necesito coger, profesora.”
Setsuma:
“¡Shi- Shitaro!”

No advierto los colores de su rostro migrando de blanco a rojo. Prosigo.

Shitaro:
“Eso es lo que me tiene a mal traer. Y todas las candidatas a recibir una inspección sanitaria son supermodelos adolescentes vírgenes que no quieren saber nada conmigo. Pero usted… Usted me entiende. Es una adulta responsable… ¿Podría… quizás… darme una manito?”

¡PAF!

Yo también se la dejo picando…

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