1 de marzo de 2013

Hibari no Shitashi - Capítulo 3


Lo único bueno de un día en Shibuya es que eventualmente termina. No falta mucho. Salida de la escuela. Despedida breve. Cada cual por su camino.
Iré a casa, solo, como de costumbre. Entraré. Me detendré frente a la puerta. Me sacaré las zapatillas y me pondré esas pantuflas raras que uso para estar en la casa. Dios, el olor que deben tener a esta altura.
Merendar. Sentarme en la computadora. Masturbarme. Cenar. Masturbarme. Acostarme. Masturbarme y dormir. Mi vida.
La parte más emocionante es cuando sueño. Dejo atrás esto que soy y me convierto en otro. Ya no estoy solo. Ya no hay supermodelos vírgenes de pelo fluorescente. No hay música rara. No hay pescado crudo. No hay ideogramas ilegibles. Nada. Solo yo siendo yo por un par de horas.
Falta menos. El cielo está rojo. Los árboles se despluman poco a poco. Se está haciendo tarde.


Kyoko:
“Vas a chocar con alguien.”
Shitaro:
“¿Eh?”
Kyoko:
“Si sigues mirando para cualquier lado mientras caminas, vas a chocar con alguien.”

Qué buena que está Kyoko. Cada tanto es de hacer esas cosas. Salirte al paso y tirarte una frase matadora. Debe ser la inteligente del grupo. ¡Flor de neuronas, mamasa!

Shitaro:
“No soy estúpido. Puedo caminar y meditar sobre la vida al mismo tiempo. Gracias por tu preocupación.”
Kyoko:
“No dije que fueras estúpido. Solo que ibas a chocar con alguien…”

Una suave brisa otoñal movió sus cabellos y el moño de su uniforme. Es la compañera de Hitori. Apenas la conozco. Apenas me conoce.

Shitaro:
“Tengo corazón latino, nena. Estoy en pleno control de mis habilidades motrices.”
Kyoko:
“Puedes medir tus pasos, pero aun así debes estar atento a los demás”

Sos hermosa. Me encantás. Daría cualquier cosa por estarte encima en este momento. Amo tu cara poligonal. Amo los dos tonos de tu piel. Amo tu nariz microscópica.

Shitaro:
“Ustedes se están tropezando todo el tiempo. Les encanta la comedia física, eh. Dejame decirte que el humor es más que un resbalón en la vía pública. Para que algo sea gracioso tiene que darse un juego con la realidad.”

Te amo Kyoko. Te amo. Dejame ser tu único hombre. Dejame agregarte a una red social  y calentarme con las fotos de tus vacaciones en la playa. Dejame saltar una noche a tu terraza para oler tu ropa interior tendida. ¡Dejame afeitarte la cabeza y comer tu pelo!

Shitaro:
“Tiene que darse algo más. Algo inesperado pero consecuente. Un artificio justificado. Una… Una razón…”

Te amo. No te conozco pero te amo. No puedo dejar de mirarte. No sé si caminamos o flotamos. Me tiembla el lado anterior de los brazos. El corazón me late cada vez más rápido. Y tus ojos… Esos enormes ojos de plato hondo. ¡Los adoro! ¡Y esas manitos! ¡Y ese hermoso par de-

¡CRASH!

Una señora entrada tanto en años como en kilos pilotea su bicicleta directo a mi ingle.
Caigo con un velocípedo atorado en las bolas. La señorita grita algo en chino. Intenta salir para adelante. Se escucha un alarido de nueces rotas. Frena. Da marcha atrás, llevándose medio litro de testosterona en los rayos de la rueda. Kyoko, a un lado, observa atónita la escena dantesca. Clímax estruendoso. La señora y mi honor se van para siempre.

Shitaro:
“¡YA SÉ! ¡YA SÉ! ¡NO DIGAS NADA!”
Kyoko:
“. . .”

Me tiende la mano y de un tirón me ayuda a levantarme. No parece interesada en revisar mis genitales para ver si están bien. Yo tampoco.

Shitaro:
“Bueno, uhm, creo que me voy a ir a mi casa a llorar un rato. Gracias por tu comprensión.”
Kyoko:
“¡Espera! Nuestra conversación se estaba poniendo interesante. Quizás podamos seguirla en un café. ¿Qué dices?”


Ok, tranquilo. Ya estás acá. Tranquilo. Relajate. Respirá hondo. ¡Concentrate! La piba está sentada frente a vos, esperando que hables. La única forma de que esto salga bien es que midas todas y cada una de tus palabras antes de que salgan de tu boca. Chequealas tres veces si hace falta. Si hablás sin pensar vas muerto. ¡Relajate, carajo! Vamos que sale. Tranquilo. Aclará la garganta.

Shitaro:
“Ujum…”

Bien. Hasta ahora vas bien. Ahora tranqui, rompé un poco el hielo.

Shitaro:
“Me gustan tu culo y tus tetas.”

¡Sos un hijo de puta!

Kyoko:
“¡¿Cómo dices?!”
Shitaro:
“Que sirven muy buen café en este lugar.”
Kyoko:
“Oh, sí. Es delicioso. He recorrido todos los coffee shops de Shibuya y, creeme, este es el mejor. Nada se compara al expresso que sirven aquí. Tienes que probar el ristretto cortado con coñac y canela. Marcará un antes y un después en tu vida.”

Esta chica actúa sospechosamente normal. ¿Dónde estará el chasco…? Ya me voy a enterar.
Pero no te distraigas. Ya rompieron el hielo; ahora tenés que mantener la charla fluida por media hora, ponele. Son estudiantes, seguro comparten actividades en común. Preguntale.

Shitaro:
“Che Kyoko, ¿a qué me dedico?”
Kyoko:
“Esa es una pregunta extraña… Bueno, creo haberte visto en el club de lectura de la escuela.”
Shitaro:
“Odio los libros…”
Kyoko:
“Eres el presidente.”
Shitaro:
“…pero me encanta leer. ¿Y vos con qué matás el tiempo?”
Kyoko:
“No hago mucho… Estudio para el examen de ingreso a la universidad. Quiero entrar con una buena calificación, para allanar el camino. Bueno, luego está la escuela. No queda mucho para que termine, y las materias son fáciles. Para mí, al menos. Hitori siempre se está quejando de que le resulta difícil. Pero eso porque no estudia. Yo la ayudo siempre que puedo. Quizás algún día podríamos juntarnos los tres y prepararnos juntos.”

Eso. Mirala a los ojos y fingí que prestás atención. Mové la cabeza cada tanto, como si estuvieras asintiendo.
Lindo lugar este. Por alguna razón imaginaba que todo en esta ciudad sería pesadillesco, hasta las cafeterías. Pero está bastante, bastante bien esto. No tengo la más puta idea de qué será un ristretto ni quiero averiguarlo tampoco, pero el café es riquísimo. Música de ambiente, tranquila. Iluminación cálida. Mucha madera, nada de plástico. Me encanta. En cuanto aprenda cuál es papel-moneda de Shibuya, voy a empezar a venir.
¿Cuánto tiempo pasó? Once minutos ya. Hora de atacar. Avanzá con cuidado. No hagas la de recién.

Kyoko:
“Pero lo que realmente me empujó a estudiar piano fue haber escuchado los études de Chopin cuando tenía seis años… Fue un momento difícil para todos en mi familia. Y escuchar «Tristesse» de alguna manera me hacía sentir menos sola…”
Shitaro:
“Totalmente. Y decime, Kyoko: ¿tenés novio?”
Kyoko:
“No…”

¡Bieeeeeeeen!

Shitaro:
“Ajá…”
Kyoko:
“Tengo un amante.”

¡NOOOOOOOOOOO!

Shitaro:
“Ajá…”
Kyoko:
“Es una relación complicada… Pero cuéntame tú. ¿Alguna vez te enamoraste de verdad?”


Shitaro:
“Yo… no lo sé. Realmente no… No lo sé…”

Kyoko me mira, confundida. Le da un sorbo a su café expresso. Tiene ganas de decir algo. Yo me adelanto.

Shitaro:
“Se está haciendo tarde.”
Kyoko:
“Sí. Ya deberíamos irnos. Mañana hay escuela.”

Apuramos el café y nos levantamos para salir. Pago lo consumido. O eso creo, porque ni puta idea de cómo son los billetes acá; vuelco sobre la mesa todo el contenido de mi billetera y encaramos para la puerta.
Kyoko apoya una delicada mano sobre el vidrio esmerilado de la puerta de entrada. Se detiene, da media vuelta, me clava esa mirada inteligentísima que tanto me calienta y con su mejor sonrisa inquisidora lanza la última pregunta de la noche.

Kyoko:
“¿Obtuviste de esta cita todo lo que esperabas?”

No quiero terminar otra interacción con una bofetada. Pensá BIEN lo que vas a decir.

Shitaro:
“El mejor coffee shop de todo Shibuya …”

Salida del café. Despedida breve. Cada cual por su camino.
Comedia física… A veces la extraño.

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