11 de enero de 2014

Tomb Raider en el espacio



Dos updates en una semana. ¡Qué lo parió! Debe ser el “efecto año nuevo” que tanto se ve en los gimnasios.

Ok, nobleza obliga: si el lector no ha visto Gravity pero tiene pensado verla y disfrutarla sin ningún boludo que le cague la experiencia, sugiero dejar pasar el siguiente artículo. Este consejo efectivamente redujo el número de lectores de 0 a -5, pero tengo la obligación moral de no spoilearle nada a nadie. Así que fuera. Andá, mirala y volvé algún día.
 



Muy bien. Ahora que estamos solos, a spoilear se ha dicho.
Tengo un problema con Gravity. Va a ganar todos los premios habidos y por haber. Seguramente los merezca; es una película muy buena, con mucho laburo encima, sin fallas evidentes (más allá de ciertas libertades artísticas que solo le molestan a un astrofísico) y que, a mi juicio, logra lo que se propone.
Genial. Habiendo dicho esto: Gravity no es mejor que un videojuego. Es más, es peor que un videojuego, porque no cuenta con la interacción del usuario.

La película, como tantas otras, propone un esquema del monomito, también llamado “viaje del héroe”, en el que un protagonista con fallas en su personalidad se ve metido en una aventura para cuya culminación deberá no solo afrontar los peligros externos, sino superar sus propios conflictos interiores, tras lo cual podrá regresar al punto de partida victorioso y hecho mejor persona.
Sandra Bullock es nuestra heroína en Gravity. Es la médica más apática de la historia, porque en algún punto de su vida perdió a su pequeña hija y nunca pudo superar el periodo de duelo. Ésto, sin embargo, no impidió que tras seis meses de entrenamiento se convierta en astronauta y viaje a la ionósfera a reparar el telescopio espacial Hubble, por alguna razón jamás explicada. Algo sale muy mal y la flaca queda flotando a la deriva junto a George Clooney como único acompañante vivo en todo el espacio. La historia deriva en que Clooney deba sacrificarse para salvar a Bullock, pero no sin antes darle instrucciones para volver a la Tierra. Bullock deberá ir del punto A al punto B, para lo cual deberá sortear algunos obstáculos. Luego deberá ir del punto B al punto C, para lo cual deberá sortear otros obstáculos. Y finalmente deberá dirigirse del punto C al punto D, para lo cual deberá sortear un nuevo número de obstáculos. Toda forma de conflicto en la película es entre la protagonista y el medio natural en el que se encuentra.
Con todo esto quiero exponer que, en el sentido narrativo, Gravity es exactamente igual a un videojuego. Pongamos por caso el último Tomb Raider.
Lara Croft, joven arqueóloga en una expedición a las islas del Pacífico, aún en duelo por la muerte de sus padres. Se produce una naufragio, ella y un par más sobreviven. Terminan en una isla llena de locos. Un personaje ayudante le dice que vaya del punto A al punto B al punto C al punto D, y luego naturalmente se muere. Lara queda sola. Sufre miedo, culpa, dolor y una larga lista de etcéteras, hasta que se da cuenta de que si no deja de lamentarse y se calza los ovarios, se muere ella también. Lara deja de escapar, supera su propia debilidad, vence a sus demonios internos, consigue un arco y flechas explosivas y los caga matando a todos. Derrota al jefe final, rescata a los pocos amigos que quedaron vivos y vuelve a su hogar más fuerte y sabia que nunca. Fin.




El esquema es completamente derivativo. Y es así porque funciona. Hace dos mil años que funciona. El problema —mi problema— con Gravity es que su esquema narrativo le impide ser verdaderamente innovadora. Termina siendo Avatar, una historia conocida contada de forma habitual pero con efectos especiales del carajo. Y eso termina ganando todos los Oscars. Y me da por las pelotas.
Entiendo que una película es más que un guión, y en todos los demás aspectos Gravity es excelente. Es una película para verla en cine o en su defecto con toda la alta definición que tu placa de video pueda bancarse (ese último es mi caso, por eso estoy haciendo esta crítica ahora y no hace tres meses). Pero me cuesta considerarla una obra maestra cuando le falta algo tan fundamental: no busca provocarte, no te deja con preguntas, con cuestionamientos de ningún tipo. Es una gran —y a veces poco sutil— analogía de la llegada al mundo y la necesidad de luchar para sobrevivir que tenemos todos los animales. Un conflicto eterno que trasciende a la humanidad. Hermoso, sí, pero para nada original. Es descriptivo a más no poder y no aporta nada nuevo. Lo peor de todo: me hace pensar que Prometheus, que no ganó un carajo, es mucho mejor película.
Esta última probablemente no haya logrado del todo lo que se propuso, y se pueden señalar una cuantas fallas que bien podrían ser deliberadas. Pero en el campo del subtexto busca patotearte un poco, y eso es bueno. Gravity te habla del nacimiento, el crecimiento y la voluntad para sobrevivir; algo que podés ver en Animal Planet. Te dice “esto es así y punto”. Prometheus trabaja sobre los mismos temas pero le suma el aspecto humano del miedo a la reproducción y al sexo en general (temática arrastrada ya desde Alien, donde el miedo era puntualmente a la violación), pero no se limita a lo descriptivo. Al contrario, busca generar ideas en conflicto y tirártelas por la cabeza. Hacerte sentir incómodo, de hecho.
Volviendo a la Tierra podría mencionar Life of Pi, una película similar a Gravity en muchos aspectos pero superior en el narrativo, que se elabora a sí misma de formas complejas e innovadoras, y, cuando más podría ser descriptiva (sentenciosa, teniendo en cuenta su temática), elije ser ambigua. Ahí está su verdadero mérito: que cuando termine la película vos te quedes pensando, y sigas pensando por un par de días más.
O la belleza en la claustrofobia de Buried, donde toda la experiencia humana de una vida transcurre dentro de un ataud enterrado en el medio del desierto durante una hora y media en tiempo real.
En conclusión, Gravity me hubiera gustado más si menos gente me hubiera dicho a través de los medios que la película era lo mejor que le pasó al cine. Por ahí lo fue, pero solo en el 2013. Y por eso tiene mi visto bueno para ganarse todos los premios que quiera.
Sí, ya sé. Me di vuelta como una media. ¿Pero qué querés? Uno no puede enojarse con esta bebota. 




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